En mi caso, por ejemplo, una de las dificultades que tuve al principio, bastante tonta por cierto, fue acostumbrarme a las puertas. La mayoría de las puertas de los edificios son automáticas, por lo que para entrar hay que tener un badge y al salir hay que apretar un botón que desbloquea la puerta, solo que yo no sabía esto, y la primera vez que quería salir de mi edificio, estuve encerrada adentro por unos minutos hasta que pasó alguien y salió con toda tranquilidad.
Otra de las cosas con las puertas, una a la que todavía no me he podido acostumbrar es el sentido en el que abren. En mi cerebro todas las puertas deben abrir en dirección hacia la persona, sin embargo en Francia, por aquello de la prevención contra incendios, hay que tirar de la puerta cuando se entra y empujar cuando se quiere salir. Perdí la cuenta de cuántas veces me confundía al salir de los edificios.
¿Seré yo la única nula que pasó por esto?
La palabra nueva del día
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